La historia de una libreta de tamaño bolsillo

Hoy me gustaría profundizar un poco más en la historia de un formato de cuaderno muy práctico. Me refiero a los “Memo Books” o los “memos” como simpáticamente me gusta recordarlos. Estos cuadernos de tamaño bolsillo comenzaron a utilizarse con más frecuencia a principios del siglo pasado. Su producción provenía principalmente de empresas o anunciantes, que los repartían entre sus clientes. Bancos, empresas agrícolas, de cultivo o fertilizantes eran las más frecuentes en utilizar este tipo de formato como propaganda comercial. Las portadas de los cuadernos variaban en función de lo que se anunciaba, pero su línea de diseño solía ser bastante simple y directa.

Los memos, de un tamaño aproximadamente al de una octavilla, fueron concebidos como un cuaderno de tamaño más práctico para que los clientes pudieran llevarlo encima en todo momento. Además de los datos de la compañía anunciante, solían disponer de páginas en blanco para que los clientes pudieran tomar notas, por lo que su uso diario como herramienta de trabajo se propagó.

Dado su pequeño tamaño, se usaban como cuadernos recordatorio, de ahí el simpático “memo”. Los clientes apuntaban las tareas o actividades que no debían olvidar para organizarse en su jornada laboral.

Son varias las marcas de papelería que han rendido homenaje a este tipo de cuaderno reeditando su propia versión. Como muchos de vosotros nos habéis solicitado que produjéramos una versión de nuestros cuadernos más pequeña y transportable, desde IMBORRABLE no hemos querido ser menos.

Ya estamos manos a la obra. Pronto los resultados.

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Fundador de Imborrable y adicto a los Sharpies. Escritor ocasional para Analógico. Todo un apasionado del papel y el diseño gráfico ;-)

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