Enviar postales, esos placeres perdidos

Acaba de pasar el verano, tus amigos y tu familia ya han vuelto de vacaciones y probablemente te las habrán contado al detalle por Whassap o Facebook, pero, ¿cuántas postales has recibido?, ¿estaba tu buzón a rebosar de tarjetas bonitas al regresar a casa tras el verano? Probablemente no. Como tampoco habrás enviado ninguna tú mismo. ¿Te has preguntado porqué?

postales correos

Enviar postales de los lugares que visitamos a las personas que queremos es una costumbre que se ha perdido casi por completo. No hay más que entrar en una oficina de Correos para darse cuenta de cómo la era digital ha cambiado nuestros hábitos. Y en cierta forma nos apena, porque amamos lo analógico y porque no hay nada comparable a la sensación de abrir el buzón y encontrarte una postal con una imagen de algún destino lejano, escrita con cariño por un amigo que intenta, en un espacio minúsculo, narrar la experiencia que está viviendo. Cuántas veces nos ocurría, escribiendo una postal, que nos quedábamos sin hueco y empezábamos a rellenar los espacios libres de la derecha, alrededor de la dirección del destinatario, hasta que ya ésta apenas se distinguía -y pobre señor cartero, al que le tocase descifrarla-.

¿Por qué no volver a enviar postales?

Realmente no ha pasado tanto tiempo desde que enviaste tu última postal. Seguro que no, aunque parezca un milenio. Si haces memoria, podrás recordar dónde la compraste y a quién se la enviaste. Incluso si rebuscas un poco más en el disco duro de tu cabeza, serás capaz de revivir y hasta paladear el amargo e inconfundible sabor de los sellos en tu boca, cuando los chupabas para pegarlos. Y esa ilusión con la que imaginabas la cara del destinatario cuando la recibiese. A veces era la chica o el chico que te gustaba en el instituto, de quien habías conseguido furtivamente su dirección cuando toda la clase las habíais intercambiado, y le enviabas aquella postal como una declaración de amor, dando lo mejor de ti mismo/a y esperando, tantas veces de forma infructuosa, una respuesta.

tío matt escribiendo postales fraggle rock

¿Nunca has soñado que abres el buzón de la antigua casa de tus padres, y está lleno de cartas para ti? Recuperar la experiencia de recibir una postal es una de esas cosas que hacen que la vida merezca aún más la pena. Como caminar descalzo por el césped húmedo o enterrar los pies en la arena de la playa. Como una cerveza al sol en invierno. Como una tormenta de verano. Del mismo modo que os animamos a recuperar el placer de la escritura en cuadernos o libretas y a volver a usar bolígrafos de colores; desde el blog Analógico hacemos un llamamiento a todos los nostálgicos de los buzones amarillos y de las postales del tío Matt de Fraggle Rock, para que vuelvan a enviar postales de papel y que todos disfrutemos de la sensación de recibir una muestra de cariño física, que se puede colgar en la pared o guardar en una caja. ¿Os gustaría que Imborrable también tuviese postales en su catálogo? Si la respuesta es sí, entonces sois de los nuestros.

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Rocío Macho
Periodista multitarea. Me gusta la literatura, el arte y el diseño. A veces duermo, el resto del tiempo, escribo.

Un comentario

  1. Eva

    Me encantaría que el catálogo contuviese postales. La última vez que envié una fue… hace dos horas.

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